Inicio Columna ¿Ya tenemos un sistema de salud como en Dinamarca?

¿Ya tenemos un sistema de salud como en Dinamarca?

Durante años escuchamos una promesa que despertó esperanza: que México tendría un sistema de salud como el de Dinamarca. Una frase sencilla, poderosa y fácil de recordar. Pero la realidad de millones de mexicanos obliga a preguntarnos con honestidad: ¿ya lo tenemos?

Si observamos las experiencias de muchas familias mexicanas, la respuesta sigue siendo incómoda. Todavía hay pacientes que esperan meses para una consulta de especialidad, personas que recorren largas distancias para recibir atención médica, hospitales que enfrentan escasez de medicamentos, equipos insuficientes, personal agotado y una infraestructura que en muchos lugares resulta insuficiente para las necesidades de la población.

México cuenta con médicos, enfermeras, paramédicos, investigadores y trabajadores de la salud extraordinarios. Lo demostraron durante la pandemia y lo demuestran todos los días en hospitales, clínicas y centros de salud. El problema no es la capacidad ni la vocación de quienes atienden a los pacientes. El problema es que durante décadas los sistemas de salud han sido víctimas de decisiones políticas de corto plazo, de cambios sexenales, de improvisaciones, de burocracia excesiva y, en algunos casos, de corrupción e ineficiencia.

Los mexicanos pagamos impuestos. Los trabajadores y empleadores realizan aportaciones a la seguridad social. Es razonable exigir que esos recursos se traduzcan en hospitales funcionales, medicamentos disponibles, atención oportuna, prevención efectiva y tratamientos de calidad. No se trata de un favor de los gobiernos; es un derecho de la población.

Sin embargo, también debemos reconocer una verdad incómoda: el dinero por sí solo no construye un sistema de salud eficiente. Se requiere planeación, transparencia, evaluación de resultados, continuidad de políticas públicas y una visión de Estado que vaya más allá de los intereses electorales. La salud no puede reinventarse cada seis años. Los pacientes no deberían pagar el precio de los cambios políticos.

Vale la pena preguntarnos también: ¿qué políticos mexicanos han trascendido verdaderamente por mejorar la salud de la población? La historia muestra avances importantes en distintas épocas: campañas de vacunación, expansión de la seguridad social, creación de hospitales y programas de prevención. Pero también muestra oportunidades perdidas, proyectos inconclusos y reformas que no siempre lograron los resultados prometidos.

El verdadero legado de un gobernante no debería medirse por los discursos ni por las inauguraciones, sino por indicadores concretos: menos mortalidad materna, menos muertes por diabetes, menos niños desnutridos, menos familias empobrecidas por gastos médicos y más años de vida saludable para la población.

Por ello, la exigencia ciudadana debe ser firme. Debemos pedir cuentas claras sobre el destino de los recursos públicos. Debemos exigir que la salud sea una prioridad nacional permanente y no una herramienta de propaganda política. Debemos demandar hospitales equipados, medicamentos disponibles, personal suficiente y políticas basadas en evidencia científica. La salud de más de 130 millones de mexicanos merece mucho más que promesas.

Pero sería injusto pensar que toda la responsabilidad recae únicamente en las autoridades.

También debemos mirar hacia nosotros mismos.

Ningún sistema de salud, por avanzado que sea, puede resolver por sí solo los problemas que generan el sedentarismo, la mala alimentación, el tabaquismo, el abuso del alcohol, la automedicación o el abandono de los controles médicos. Ningún hospital puede sustituir los hábitos saludables que se construyen diariamente en el hogar.

La salud comienza mucho antes de llegar a una consulta médica. Comienza cuando elegimos qué comemos, cuando decidimos hacer actividad física, cuando vacunamos a nuestros hijos, cuando controlamos enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión, cuando acudimos a revisiones preventivas y cuando enseñamos a nuestras familias a cuidar su bienestar.

Como ciudadanos tenemos el derecho de exigir, pero también la obligación de participar. Debemos informarnos, prevenir enfermedades, apoyar a nuestros familiares en el cuidado de su salud y promover una cultura de responsabilidad colectiva.

México merece un sistema de salud digno, eficiente, humano y resolutivo. Merece autoridades capaces de convertir los recursos públicos en resultados tangibles para la población. Merece líderes que entiendan que la salud no es un gasto, sino una inversión en el futuro de la nación.

Pero también merece ciudadanos comprometidos con su propio bienestar.

Porque la construcción de un país más saludable no depende únicamente de lo que ocurra en los hospitales o en las oficinas gubernamentales. Depende de cada decisión que tomamos como sociedad.

Exijamos más a nuestras autoridades. Exijamos transparencia, resultados y compromiso. Pero exijámonos también a nosotros mismos cuidar nuestra salud, la de nuestros hijos y la de nuestras familias.

Solo cuando gobierno y sociedad asuman plenamente su responsabilidad, podremos dejar de preguntarnos cuándo tendremos un sistema de salud como el de Dinamarca y comenzar a construir, con orgullo, el sistema de salud que México merece.

Dr. Daniel Alberto Díaz Martínez
Daniel Alberto Díaz Martínez es egresado de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Posteriormente se especializó en Cirugía General en la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea. Actualmente ejerce su profesión médica en el municipio de Irapuato de donde es originario. Ha sido Secretario de Salud en el Estado de Guanajuato