“Cuanto más espacio dediquemos a la quietud y al silencio, más podremos ofrecernos a nosotros mismos y a los demás.” Thich Nhat Hanh
“Todos nacemos locos. Algunos continúan así siempre.” Samuel Beckett
“Los valores que admiramos: ternura, generosidad, franqueza, honestidad, comprensión y sentimiento, provocan el fracaso en nuestro sistema. Aquellos rasgos que detestamos: codicia, materialismo, mezquindad, egoísmo… son los rasgos del éxito.” John Steinbeck
“En el refugio del pensamiento no existen reglas; allí, nos atrevemos a confesar todo aquello que la prudencia y la piel se empeñan en ocultar.” Valentina Mancia
“No hay en el mundo nada más dulce que sentir que existe alguien que puede entenderte por completo y con cuya amistad se puede contar totalmente.” Simone de Beauvoir
“Yo sería feliz en un lugar donde solo pueda escuchar el trino de las aves y las flores me recibieran cada mañana. Donde el viento dé los mejores consejos y el sol muestre su mejor rostro para plasmarlo con mi alma.” Vincent Van Gogh
“Si te sientes solo cuando estás solo, estás en mala compañía.” Jean-Paul Sartre
“Hay personas tan atractivas y a la vez con un cerebro tan vacío, que creo que su físico es su regalo de consuelo.” Simone de Beauvoir
“El día que el niño se da cuenta de que todos los adultos son imperfectos, se convierte en un adolescente; el día que los perdona, se convierte en un adulto; y el día que se perdona a sí mismo, se vuelve sabio.” Alden Nowlan
“Aprendí a no creerme todo lo que la gente dice. Mis únicas pasiones sin reservas han sido los libros y la música. Y, tal vez como lógica consecuencia de todo ello, me fui convirtiendo en una persona solitaria.” Haruki Murakami
“Nadie puede presumir de conocer el mar sin haberlo visto en la calma y en la tempestad.” Iréne Némirovsky
“Hay muchas formas de matar a una persona. Apuñalarlo con una daga, quitarle el pan, no tratar su enfermedad, condenarlo a la miseria, hacerlo trabajar hasta desfallecer, impulsarlo al suicidio, enviarlo a la guerra, etc. Sólo lo primero está prohibido por nuestro estado.” Bertolt Brecht
“Ser tú mismo en un mundo que constantemente intenta convertirte en otra cosa es el mayor logro.” Ralph Waldo Emerson
“Hice una pequeña lista con todas esas cosas horribles que dices que soy. No recuerdo donde la guardé, ni tampoco me interesa. Así que, por favor, añade: “olvidadiza y despreocupada.” Ana Elena Pena
“Inconsolable. Anota esta palabra en tu cuaderno. Te lo digo por experiencia propia: es la palabra más triste de todo el vocabulario.” Raymond Carver
En la búsqueda de ser uno mismo encontré un refugio en las letras; escribir me salvó de la muerte y del amor. Sin duda, asumo una vida mortal, porque vivir es ya comenzar a morir.
En esas búsquedas me encontré con Edgar Morin, filósofo contemporáneo que murió hace unos días, a los 104 años, y cuyo pensamiento ha influido en mí de manera profunda. Tomo sus palabras como recordatorio de que, en el día a día: “Solo podemos soportar la vida si le introducimos no utopía sino poesía; es decir, intensidad, fiesta, alegría, comunión, felicidad y amor.”
Como escribió Giovanni Pascoli: “Tengo un defecto, o quizás dos: un cerebro que piensa demasiado y un corazón que lo siente todo.”
El amor y la muerte juegan a ser una sola historia: tensión inminente e inmanente entre una muerte viva y una dulce agonía. La vida es eso que queda irremediablemente entre el nacer y el morir, y en donde “Nadie nos pertenece, excepto en la memoria”, como escribió John Updike.
Lo cierto es que “Cada vez que te encuentras en una encrucijada entre la vida y la muerte, se abren ante ti dos universos: uno pierde toda relación contigo porque te mueres, el otro la mantiene porque sobrevives. Como si te desnudaras, abandonas el universo donde solo existes como cadáver y pasas al universo en donde sigues vivo. En otras palabras, en torno a cada uno de nosotros surgen varios universos, tal como las ramas y las hojas se bifurcan y se alejan del tronco”, como lo describió hermosamente Kenzaburō Ōe.
La muerte, ese eterno instante de certeza, nos convoca a vivir entre tanto y entre todo. “Quizá no amamos lo suficiente la vida. ¿Ha observado usted que solo la muerte despierta nuestros sentimientos?”, preguntó Albert Camus.
En ese proceso de ir siendo un vivo cadáver, se acepta que “…no es solo que he venido muriéndome, es que se han ido muriendo, se me han muerto los míos, los que me hacían y me soñaban mejor. Se me ha ido el alma de la vida gota a gota, y alguna vez a chorro”, como lo dijo Miguel de Unamuno.
En esas ausencias presentes de los que ya no están, y ante la fría vida, “Sentí lo que sentimos cuando alguien muere: la congoja, ya inútil, de que nada nos hubiera costado ser más buenos”, escribió Jorge Luis Borges. Son, al final de cuentas, tiempos de arrepentimientos inocuos y vanos.
Y, sin embargo, en la oscura luz: “La vida es la cosa más triste que existe, después de la muerte; sin embargo, siempre hay nuevos países que ver, nuevos libros que leer […], otras mil maravillas diarias ante las cuales admirarse y alegrarse. El mundo visible es un milagro cotidiano para quienes tienen ojos y oídos”, plasmó Edith Wharton. Y porque “Para un árbol, cambiar de sitio es la muerte; para un hombre, cambiar de sitio es la vida”, sentenció Mo Yan.
En ese olvido memorable, que es tomar conciencia de la finitud y la fragilidad, Arthur Schopenhauer escribió: “El animal conoce la muerte tan solo cuando muere; el hombre se aproxima a su muerte con plena conciencia de ella en cada hora de su vida.”
En la soledad compartida, el amor odioso nos mueve. Juan Rulfo, en una entrevista, dijo: “La gente se muere dondequiera. Los problemas humanos son iguales en todas partes. No son temas nuevos el amor, la muerte, la injusticia, el sufrimiento, que están sugeridos en Pedro Páramo. Me han dicho que es una novela de amor a los desamparados. Yo no sé. Yo narro la búsqueda de un padre, como una esperanza. Como quien busca su infancia y trata de recuperar sus mejores días, y en esa búsqueda no encuentra sino decepción y desengaño. Y al final se derrumba su esperanza como un montón de piedras.”
En el alegre luto del final eterno: “Dicen que el amor entre dos personas acaba muriendo. Eso no es cierto. El amor no muere. Simplemente te deja, se marcha si no eres lo suficientemente bueno, lo suficientemente digno. El amor no muere: el que muere eres tú” consignó William Faulkner
En eso del amor como eternidad efímera “Los hombres y mujeres o bien se devoran rápidamente en eso que se llama el acto del amor, o bien se crean el compromiso de una larga costumbre a dúo. Entre estos dos extremos no hay término medio. Por falta de tiempo y de reflexión, se ve uno obligado a amar sin darse cuenta” expresó Albert Camus
Porque en el abrazo mortal “El amor es una búsqueda de uno mismo a través de otro ser humano, y quien amó verdaderamente, ha llegado a conocerse a sí mismo a través del amado” registró Milan Kundera, en el que “Hay siempre un poco de locura en el amor. Más también hay siempre un poco de razón en la locura” como lo describió Friedrich Nietzsche, esto es en sí, un paraíso maldito.
La herida sanadora es comprender que “El triste secreto de cada ser humano: es que necesita mucha ternura, que no puede vivir sin amor” acuñó Sándor Márai y entender que en el amor el azar del destino es que “No encuentras el amor, él te encuentra. Tiene un poco que ver con el destino, el destino y lo que está escrito en las estrellas” como dijo la escritora Anaïs Nin.
El silencio elocuente del amor y la muerte nos llevan a la fría pasión, a la desolación en comunión, José Revueltas hizo un narración exquisita y breve: “Ella se pasea por mis habitaciones vacías, cóncava, dentro de mí, y su voz me suena cómo desde una gran catedral abandonada. Qué capacidad de silencio para no decir su nombre, ¡para callar tanto!”
En el tierno desgarro “La única función del amor es la de ayudarnos a soportar esas tardes dominicales, crueles e inconmensurables, que nos hieren para el resto de la semana y para toda la eternidad” escribió Cioran.
Andrew Faber en esa resurrección dolorosa narró: “El corazón sana cuando comprende, no cuando olvida. Y yo no olvido porque olvidar es huir de mi historia. Entonces me quedaré. Me quedo junto a mi sufrimiento. El tiempo que se tarda para aceptar un dolor, una derrota, una decepción, un adiós. El tiempo que se tarda para darme una caricia. Porque aprendí que al final no mueres. No. Finalmente, renaces.”
Que es una muerte fértil en la que “Hay veces que la vida cruza en tu camino cosas maravillosas, que aparecen porque sí, que no buscas y sin embargo encuentras; y en tu mano está entonces aprender a valorarlas como se merecen. A veces se trata de personas, a veces de pequeñas cosas, a veces de momentos fugaces” dijo Ángela Becerra.
Habrá que ir integrando en el vacío pleno de la existencia, en la que la vida es amor y muerte, en la que la serenidad urgente nos tiene que llevar a la paciencia: “He aprendido que la paciencia es una forma de inteligencia. No todo tiene que resolverse de inmediato, no todo tiene que tener una respuesta clara. A veces, lo mejor que puedes hacer es respirar, observar y permitir que las cosas tomen su curso. La vida no siempre es una batalla que hay que ganar, a veces es un río que hay que aprender a navegar” expresó el actor Viggo Mortensen.
La muerte deseada e insondable al espíritu es tomar consciencia de sí mismo: “Sólo por existir, ya estoy aquí. En el silencio.” escribió a manera de haiku Kobayashi Issa y que en esencia es integrar y reconocer que “La vida es una larga lección de humildad” como dijo James Matthew Barrie que se manifiesta en el amor y la muerte.



