Nos sobra su defensa: nos falta su gobierno
Cuando el poder dice “Guanajuato se defiende” o “yo lo defenderé”, no habla de protegernos. Habla de tutelarnos. Nos ven como menores de edad, incapaces, sin voz propia. Y ahí está la trampa: quien se nombra tu defensor, se nombra tu dueño.
Samantha Smith decidió rotular su camioneta. La pintó de su color, le puso su frase, la convirtió en consigna. Lo hizo con sus recursos, presume. Primer error: gobierna Guanajuato de tiempo completo. No es ciudadana de fin de semana.
La frase “a la chingada” ya no es desahogo. Es programa de gobierno. Es el reduccionismo hecho política pública. Un gesto que cualquier vecino puede lanzar en Facebook, pero que en una alcaldesa revela ausencia de proyecto.
Samantha optó por el sitio de lo común. Lo mismo grita “a la chingada Morena” que responde con albures de banqueta cuando la confrontan con las pintas. ¿Qué busca? ¿Aplauso fácil? ¿Que la acompañemos en la ocurrencia? Subestima al ciudadano. Cree que la vamos a seguir al barro cuando lo que exigimos es altura.
Hay que reforzar algo: esta no es solo una ocurrencia personal. Es parte de la campaña nacional del PAN que dice querer “protegernos”. Esa mirada de protección que la historia nos muestra termina en retroceso. Es una afrenta a la ciudadanía. Cuando el PAN ha intentado proteger a las mujeres, se traduce en invalidar derechos, en infantilizarnos. Ahora no es la excepción. Traen esta cruzada de “defendernos”. Es peligroso e irresponsable. Es una campaña que hay que exhibir, leer y confrontar, sobre todo frente a los pocos resultados de los panistas, de la familia panista de la capital.
Siempre tuvo limitaciones para gobernar. Hoy las confirma. En días pasados tomó el micrófono en un evento con Jorge Romero, presidente nacional del PAN. Ahí alzó la voz, histriónica, para cuestionar a Morena: ¿Dónde está la salud de Dinamarca que prometieron para México? ¿Dónde está la seguridad que prometieron para México? ¿Dónde están esos programas que prometieron para México?
Y aquí el detalle clave: la mirada de Jorge Romero. Quiso acompañarla, pero dudó. Fue un gesto que lo retrata. Es como si supiera lo que ocurre en la capital y no pudiera respaldarla del todo. El resto asentía. Desde la distancia parecían seres sin vida, aplaudiendo a la extranjera. Porque eso es Samantha en ese foro: una extranjera a su propia realidad. No tiene ninguna autoridad moral para preguntar eso.
Ella le pregunta a Morena. Y las y los guanajuatenses le preguntamos a ella
Ahora hay que parafrasearla. ¿Dónde está la seguridad que prometió para la capital? ¿Dónde está el turismo con el que iba a crecer la ciudad? El único crecimiento visible es para los negocios familiares. Pensemos en el caso específico de las momias: patrimonio cultural que sobrevive, que sobrevive… a duras penas. Los números confirman cuánto ha disminuido el acceso. Un museo que se cae a pedazos. Comercios aledaños en espera de clientes que no llegan.
Pero el problema no es solo el museo. Es la ciudad. Desorden en calles y callejones. Decadencia a plena luz del día y oscuridad por falta de iluminación. Un deficiente sistema de recolección que deja basura acumulada. Ausencia de un espacio digno para el tratamiento de residuos. Falta de seguridad pública en zonas que antes eran transitables. Cero profesionalización de los servidores públicos: improvisación por norma. Obra pública inexistente, salvo escenografías LED que ya se oxidan. ¿Dónde está lo que ella prometió?
De autocrítica, ni una palabra. De sus promesas, silencio. Es falso que Guanajuato esté más ordenado. Es falso que garantice oportunidades para todos. Es falso que crezca el producto turístico y con él la derrama económica. Es falso que haya armonía entre desarrollo económico y social. Es falso que bajara la corrupción. Es falso que cumpliera su plan de gobierno.
Error de Romero: ponerla como referente de cumplimiento. Exponer a Samantha como ariete contra Morena es dispararse al pie. No representa eficacia. Representa excusa. Y si Samantha es el ejemplo de su cumplimiento, entonces el PAN ya confesó su decadencia.
El problema de fondo es la coloquialidad convertida en vulgaridad. Prefiere el chiste a la eficiencia. La frase frontal al argumento. La forma al fondo. Eso no es estilo. Es renuncia. Renuncia para gobernar en el último tramo. A estas alturas dudo que alguna vez haya tenido la intención de hacerlo.
¿Su obra? Una escalera en los pastitos. Con led estridentes, fuera de lugar, ya deteriorada. Eso no es gestión. Es escenografía.
“A la chingada” como eslogan es un despropósito. Es abrazar el error. Es pretender ser opositora desde el rótulo, no desde el resultado. Queda chica la figura cuando su mayor aporte es una frase que cualquiera puede gritar.
Samantha está en declive. Está en crisis. Y no va sola. La acompaña quien hace seis años presidía el municipio y hoy irrumpe sesiones de ayuntamiento sin respetar la norma. El poder no es solo ganar elecciones. Es formación permanente. Y eso no se rotula.
Su arte final: no gobernar
A Samantha se le nota la desesperación. Le quedan diez meses y ya convirtió el gobierno en piñata: lo golpea con vulgaridades, con ocurrencias, con falta de herramientas. Hay intervencionismo real: integrantes de su familia operan donde ella no puede. Hay falta de concentración: brinca de la camioneta al micrófono, del rótulo al insulto, sin atender la banqueta.
El tiempo la exhibe. No la deja gobernar su propia impericia, la intervención familiar, y la ausencia de proyecto. Rotular fue fácil. Gobernar no pudo.
Su tiempo se acabó. Y Guanajuato sigue esperando autoridad, no espectáculo.



