Todo inició el 10 de marzo del año 2014 cuando a partir de las 8 de la noche aproximadamente en un domicilio en la colonial e histórica ciudad de Guanajuato, cuatro estudiantes que ahí cohabitaban, estudiando en la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad de Guanajuato, convivieron animadamente esa noche; para ello se prepararon comprando una botella de ron y una botella de vodka, para poder ambientarse y así iniciar a tomar después de haber salido a comer o cenar algo; se pusieron a jugar un ejercicio de convivencia social que se llama “nunca nunca” y como castigo a quien perdía se le imponía la obligación de tomar una copa de licor del que habían comprado, así transcurrieron dos o tres horas hasta que ya un poco más tomados los cuatro cada uno se dispuso a ir a su respectiva habitación para descansar, previamente quien a la postre resultaría supuestamente ofendida, se paró y fue al baño a vomitar, puesto que había recibido no recuerda si fueron seis o siete castigos; así lo hizo y retornó a un sillón de la sala a donde se encontraban, estuvo con uno de sus compañeros besándose y acariciándose con verdadera fruición y ya después se retiraron a sus cuartos, no sin antes recibir un poco de apoyo y ayuda esta chica hasta la puerta de su habitación y su otra compañera la dejó recostada en su cama.
A la mañana siguiente, uno de los cohabitantes a las 7:30 am tocó a la puerta de su compañera que había vomitado, para ver como había amanecido, ella le autorizó ingresar y la vio acostada y con su otro compañero de vivienda recostado a su lado, por lo que sorprendido y con cierta indignación (¿o celos?) preguntó ¿qué había pasado?; la chica le respondió que nada en tanto que el otro compañero se levantó, cogió su ropa y se fue a su propia habitación. Sin embargo, de ahí en adelante quien llevó la iniciativa total fue el compañero que los sorprendió, pues el mismo propuso a la chica que si no recordaba nada, luego entonces el otro estudiante la habría violado aprovechando su estado de ebriedad y la urgió a avisarle a sus padres y a acudir al Ministerio Público a denunciarlo; obviamente la chica apenada por no tener el valor de aceptar que ella había consentido la compañía nocturna y probablemente la relación sexual con su compañero, se dejó llevar por la inercia de la presión e hizo todo lo que su voluntarioso compañero le proponía.
Juan Alberto Regalado Aguirre declaró que la chica y él se gustaban, que no había un grado alto de embriaguez de ella y que después de irse a su cuarto, ella le llamó y se quedó con ella en su cama hasta el amanecer con su consentimiento.
Pese a ello fue imputado y vinculado a proceso penal con prisión preventiva oficiosa el 7 de junio de 2014, fue internado en el Centro de Reinserción Social en Puentecillas, Guanajuato; el juicio oral se substanció después de haber desahogado diversas audiencias incluyendo la de debate y en fecha 21 de abril de 2015 fue condenado por la comisión de violación espuria según el artículo 181 del Código Penal para Guanajuato y condenado a purgar diez años y tres meses de prisión y a pagar una serie de sanciones pecuniarias muy altas; su abogado defensor entonces muy desmotivado y presionado por los grupos feministas que se volcaron en contra del supuesto violador pidiendo justicia para una pobre mujer ofendida que habían logrado su objetivo de que se condenara a su defenso, interpuso el recurso de procedente en contra de la sentencia y el expediente con la filmación de las audiencias de juicio oral pasaron a la Primera Sala Colegiada en Materia de Casación del Sistema de Enjuiciamiento Penal, Acusatorio y Oral, la cual también emitió sentencia en fecha 19 de junio de 2015, decidiendo no anular la resolución impugnada y dejando subsistente la condena a diez años y tres meses de prisión en contra del estudiante.
LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD PARA EL CONDENADO.
Las probabilidades de obtener una sentencia justa y de reconsiderar el caso de este joven estudiante universitario de escasos recursos oriundo de una pequeña comunidad cercana al municipio de Romita se reducían a solo una: la formulación de una demanda de amparo directo ante el Poder Judicial de la Federación. Su familia ya no tenía recursos económicos para cubrir los honorarios para un despacho de abogados que llevara a cabo ese trabajo; sin embargo compañeras de estudio del propio condenado nunca se desalentaron, pues creían en su inocencia.
(Continuará)



