Inicio Columna Fraking en Guanajuato y San Luis Potosí, ¿Mito o realidad?

Fraking en Guanajuato y San Luis Potosí, ¿Mito o realidad?

En los últimos años, el debate sobre el fracking ha llegado a los municipios del norte de Guanajuato y al sur de San Luis Potosí. Pemex ha identificado estas zonas como potenciales para la extracción de gas natural, mientras que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) observa con interés la posibilidad de diversificar fuentes de energía. Sin embargo, la discusión no se limita a la factibilidad técnica: también involucra barreras políticas, sociales y ambientales que ponen en duda la viabilidad de este modelo extractivo.

El fracking, o fractura hidráulica, requiere perforaciones profundas y el uso de millones de litros de agua mezclada con químicos para liberar gas atrapado en el subsuelo. En teoría, podría representar una oportunidad para aprovechar recursos energéticos locales y reducir la dependencia de importaciones. No obstante, Pemex carece de la infraestructura y experiencia suficiente para ejecutar proyectos de esta magnitud sin apoyo tecnológico extranjero.

En el plano político, el gobierno federal ha mantenido un discurso ambiguo: rechaza el fracking tradicional, pero permite explorar variantes bajo otros nombres, como “estimulación de pozos”. A nivel estatal, el gobernador de San Luis Potosí ha declarado que la entidad “no está lista para el fracking”, convocando foros informativos y frenando cualquier intento de perforación sin garantías tecnológicas y ambientales.

La resistencia social es otro factor clave. Comunidades indígenas y campesinas han manifestado su rechazo, preocupadas por la contaminación de ríos como el Tampaón y el Moctezuma, así como por el impacto en la agricultura y la salud. En una región con estrés hídrico creciente, la idea de destinar millones de litros de agua a la extracción de gas resulta difícil de justificar.

El fracking en Guanajuato y San Luis Potosí enfrenta un panorama complejo. Aunque Pemex mantiene proyectos en papel, la combinación de limitaciones técnicas, oposición política y resistencia comunitaria convierte esta apuesta en más simbólica que real. La energía que México necesita podría provenir de alternativas menos conflictivas, como las renovables o el gas convencional, que ofrecen un camino más sostenible y menos riesgoso para las comunidades.

En definitiva, el fracking en esta región parece más un espejismo energético que una solución viable. La discusión debería centrarse en cómo aprovechar el potencial renovable del Bajío y la Huasteca, en lugar de insistir en una tecnología que, por ahora, choca con la realidad política, social y ambiental del país.

Mtro. Mario Alejandro De Alba De La Tejera
El Maestro Mario Alejandro De Alba de la Tejera, es experto en gestión integral de recursos naturales y salud, formado en la Universidad de La Salle Bajío. Con más de dos decenas de años de experiencia, ha consolidado una sólida trayectoria en la gestión integral del agua y la salud, logrando posicionar estas áreas en los primeros lugares a nivel nacional y en Latinoamérica.