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8M en la capital: Nosotras, las que marchamos

A modo de reflexión

Las mujeres hemos estado presentes en la marcha del 8M en la capital de forma constante en la última década. A diferencia de otros municipios, Guanajuato, León e Irapuato han sido de los territorios con mayor persistencia y presencia en convocatoria, como en otros espacios el llamado al encuentro proviene de organizaciones feministas y de mujeres, quienes se encargan previo y durante de la ubicación de los distintos grupos: madres buscadoras, mujeres embarazadas con hijos e hijas, mujeres con sus mascotas y otros grupos. Es una marcha que corresponde en su totalidad a las mujeres que convocan y organizan, reflejo de trabajo y resistencia, nos reúnen las causas en común en medio de la diversidad que nos caracteriza.

Así marchamos en el 2019 gritando el nombre de Wendy Morales, cuyo caso conmovió a la comunidad, su cuerpo fue encontrado entre brechas en el Cerro de “La Crucita”, en Guanajuato capital, tras más de 45 días desaparecida. El siguiente año lo haríamos por Ana Daniela Vega, de 24 años, una joven estudiante de la licenciatura de Biología Experimental de la Universidad de Guanajuato, víctima de feminicidio.

Algunos años esas mismas calles del recorrido de la marcha fueron testigos del llamado a la justicia para, Wendy, una joven estudiante de economía que estuvo desaparecida más de una semana para después “aparecer” en la zona alta de la sierra de santa rosa “colgada”, la última vez que fue vista discutía con su exnovio en el centro de la ciudad. También recordamos a Cris, habitante de la zona de Mellado, quien fue víctima de feminicidio después de ser engañada con una oferta de empleo, dejando en la orfandad a dos niños.

Con los años se sumarian otras voces gritando otros nombres, incluso otras voces que eligen el silencio. En el contingente participan madres de familia que temen nombrar a sus hijas asesinadas o desaparecidas, su temor nace de lo que las autoridades han hablado con ellas respecto “a los malos pasos de sus hijas y a la inconveniencia de que la gente responsable se entere de que andan de revoltosas”, una información no oficial que ellas asumen en su angustia como regla de silencio, sin embargo, ello  no impide que participen es su forma de rebelarse a los delitos que han cometido contra sus hijas, incluido la revictimización a su memoria.

Una marcha en que las mujeres se apropian de las calles principales, participando con la convicción de ser voces propias y de otras. Cuerpos vivos que invocan a otras, muchas de ellas cuerpos muertos, las que ya no están debiendo estar, a quienes les ha sido arrebatada la vida o quienes hoy sobreviven en la indiferencia de propios y extraños. Una marcha que nos fortalece, que esa tarde nos une y nos encuentra.

Una conmemoración en las calles en la que participamos con la conciencia de lo que ello implica: hacer presencia y romper las inercias de los silencios y del “aquí no pasa nada, Guanajuato es seguro para todas”, nuestra presencia abona a desmitificar esa gran mentira quienes marchamos lo hacemos desde ese grito de prevención y exigencia, sí pasa, la memoria nos indica si ha pasado, que sigue pasando y que seguirá pasando. ¡Pinche gobierno cuéntanos bien!

Recuerdo haber escuchado a una estudiante originaria de Cuerámaro compartirme su experiencia de primera marcha en la capital, para después con todos los temores reunidos, ser la voz convocante en su municipio “apenas pudimos marcha éramos 10, no es como en Guanajuato, la gente nos veía raro, pero logramos hacerlo”. Tengo casi la certeza de que muchas mujeres que han participado de un 8M en la capital han sido posteriores convocantes en sus municipios de origen, muchas de ellas universitarias, otras tantas en ciernes de un activismo que aviva sus territorios y sus vidas.

Una presencia en calles que supera demarcaciones territoriales, años anteriores participan del recorrido mujeres de otros municipios, muchas de ellas sobrevivientes. Varias de ellas dejaron de hacerlo porque hoy en sus espacios ya existe esa organización y presencia de muchas que se acompañan. El activismo en un estado con 46 municipios es creciente en territorios antes no imaginados.

Somos muchas, fuimos todas: el bloque negro

Un llamado de las mujeres, a todas, que ha ido teniendo evolución, nuevas participantes, nuevos grupos y nuevas expresiones. La presencia del bloque negro hace rato es parte de un contingente donde nos encontramos muchas mujeres y expresiones, el bloque negro, una de ellas. Se trata de compañeras que cubren su rostro y su cuerpo por seguridad, no existe temor en lo que hacen, solo una convicción profunda de que su lucha es justa y necesaria. Tengo la convicción de que se expresan con la legitimidad de muchas voces, de muchas historias, y también, como un medio de apropiación y dosis de memoria en un espacio público que nos ha sido negado y cuya población es de memoria corta.

Las integrantes del bloque negro son protegidas por todas las que caminamos con ellas, de ninguna manera nos son ajenas, ellas somos nosotras. En la pasada marcha, en la calle de Pocitos, por ejemplo, ellas y todas plasmamos para los siguientes días las siguientes consignas: ¡No sea indiferente, Guanajuato feminicida!¡Estoy cansada de ser valiente!, esta última una frase que nombra un relato habitual entre nosotras.

Ninguna nos atrevemos a cuestionar porque “las del bloque negro” se cubren el rostro, sabemos que sobran los motivos para sentirnos inseguras de la autoridad y de los misóginos que ese día se asoman en busca de nuevas víctimas. Las compañeras del bloque negro son más valientes que muchos, y muchas, actúan para nombrar, para visibilizar, para generar esa incomodidad necesaria para que una sociedad pasiva se indigne, aunque sea por las razones equivocadas: ¡mis paredes!, al frente del contingente las madres buscadoras o víctimas de la violencia feminicida gritan: ¡mis hijas, devuélvanme a mis hijas!

Una sociedad de contrastes. Las que viven en un mundo donde la violencia feminicida no ha atravesado su vida, o eso creen por ahora, y las que hoy gritamos con la conciencia de lo que implica ser mujer en un país y estado machista y misógino, donde la lucha por la justicia y la igualdad es un camino largo y harto complejo.

Desde las banquetas, otro activismo invisibilizado

No todo ocurre en la marcha, a nuestros alrededores siempre ha habido sociedad civil que observa. Su forma de participar es hacerse presente a los costados de la ruta, su mirada acompaña, al tiempo que nos asoma afanes de reconocer los motivos que nos tienen ese día en la calle a muchas. Leen con atención la variedad de carteles y consignas, incluso hay quienes a nuestro paso nos obsequian botellas de agua para seguir el camino,  no es un recorrido de distancia es de simbolismo.

Algunas otras mujeres de todas las edades desde banquetas y balcones gritan frases, entonan canciones o brincan con nosotras, el llamado las incluye y razones tendrán para esa tarde no ser parte del contingente, aunque si lo son. A nuestro paso, también en banquetas compañeras de los medios de comunicación que hacen coberturas de acuerdo con las reglas establecidas por las organizadoras: no tomar imágenes de los rostros de las participantes y realizar coberturas con perspectiva de género.

La mayoría de los medios envían a mujeres periodistas a cubrir el evento, no fue una concesión, se trató de una exigencia, de un proceso reeducativo a los medios. No todos cumplen, a nuestro paso también encontramos medios de comunicación cuya consigna es transgredir reglas y manipular lo que esa tarde ocurre: tomarán imágenes de las bardas rayadas, no así replicarán los gritos de ayuda de las madres buscadoras, un ejemplo más de la forma en que se perpetúa la violencia mediática y se silencia a las víctimas.

El sentido político de la marcha exhibe a los gobiernos locales

La marcha del 8M es un ejercicio de expresión simbólica y política de la presencia, de la condición y de las causas de las mujeres. Las mujeres desde sociedad civil lo entendimos bien y así lo replicamos en distintos espacios. Lo que en el movimiento de las mujeres fue evolución en la mayoría de los gobiernos fue involución: optan por no entender los contenidos y alcances de esta conmemoración, eligen la complacencia, la banalidad y las expresiones de una ignorancia misógina colmada de misoginia.

El colmo de los colmos: eventos pagados con recursos públicos para hacer apología de ellas mismas, sus trayectorias y su “yoyismo”, nos preguntamos: ¿para eso queríamos mujeres en los gobiernos?, la respuesta es no. Así, frente a gobiernos municipales, como el de la desdibujada presidenta Samantha Simth que organizan foros para escucharse entre ellas mismas, eventos colmados de ruido y carentes reflexiones, un derroche de recursos para eventos de bajo impacto, las mujeres en las calles nos organizamos frente a autoridades locales que siguen tratando de entender de qué se trata ello, nosotras hace mucho tiempo construimos el sentido conmemorativo que tantas incomodidades causa.

Es claro que no lo entienden y no les interesa, les incomoda porque se saben cuestionados y esa parte, entre otras, de ser autoridades no les gusta. ¿De qué si sirven las marchas? Pregunta la o el que se siente incómodo e indignado con la presencia de las mujeres en las calles. Sirven para eso precisamente: para incomodar, para cuestionar, para recordarle a los gobiernos que no pueden ignorarnos. ¡Exacto! Las marchas sirven, también, para generar incomodidad, y eso significa que lo estamos haciendo bien.

Posdata:  En el recorrido de este año, una adulta mayor se viralizó al estar colocada en las escalinatas de la universidad para proteger con su bastón cada uno de los escalones, para una mayoría se trató de una heroína, para muchas otras una señora que se explica desde sus circunstancias, oportunidades y experiencias vitales. No veo razón de confrontación: ella defiende escalones, otras exigimos por la vida, un asunto de prioridades y causas.

Así lo entendieron las compañeras del bloque negro, quienes optaron por retirarse de la zona para evitar que la confrontación escalara, a eso me refiero cuando digo que ellas, “las encapuchadas” son valientes.